La ley fundamental de la República Mexicana, está a cinco años de ser centenaria y es necesario que todos los actores de la sociedad nos cuestionemos el presente y el futura de nuestra carta magna.
Uno de los constituyentes fue un gran piedadense, el más joven de todos, Don Jesús Romero Flore, quien plasmó su firma en nuestro documento primario de la nación.
En 1917 México vivía otras circunstancias, éramos diferentes como persona y como nación. Hoy tenemos la obligación de preguntarnos si verdaderamente esos enunciados que se han ido cambiando con el tiempo y las legislaturas, son lo que el país necesita.
La constitución es la letra muerta, hasta que todos en la sociedad, en los tres niveles de gobierno y en los poderes de la unión, la hacemos valer en nuestra vida cotidiana y con nuestras acciones.
Como ciudadano debemos de respetar las leyes y los reglamentos y exigir a las autoridades que cumplan su parte. Hay que dejar de lado la falsa creencia que el gobierno lo debe hacer todo, cuando en realidad somos los ciudadanos los que tenemos ese poder.
Tenemos el derecho y la obligación de involucrarnos en la construcción de un mejor país, desde el territorio que nos corresponder; a nosotros nos toca el municipio.
En La Piedad, proponemos el nacimiento de una comunidad corresponsable, donde el poder lo ejerzan los ciudadanos a través de sus autoridades, pero, donde también se hagan responsables de sus actos.
Actualmente el artículo 21 constitucional menciona: "…compete a la autoridad administrativa la aplicación de sanciones por las infracciones de los reglamentos gobernativos y de policía, las que únicamente consistirán en multa, arresto hasta por 36 horas o en trabajo a favor de la comunidad."
Se nos olvida como ciudadanos y como autoridades que toda acción que afecte la convivencia tiene consecuencias y en el trabajo comunitario está una respuesta, porque no todo debe ser multas o arrestos, pues el trabajo todo lo vence.
Por eso, en el Ayuntamiento tenemos la obligación de reglamentar las acciones que atenten contra el patrimonio de la sociedad para que se resarza el daño, dedicando horas de trabajo.
En el municipio tenemos necesidades de aseo de lotes baldíos, de arreglo de parques, calles y lugares públicos, el pago de trabajo comunitario es una respuesta y una sanción adecuada para aquellos que infringen nuestra constitución.
Necesitamos una sociedad organizada y participativa, que sean los oídos y la voz. Pero nosotros como autoridades seremos los primeros en estar con los oídos abiertos a esas voces y con respuestas traducida en actos responsables y transparentes.
No podemos exigir a los demás aquello que no ofrecemos. El órgano superior de gobierno de La Piedad debe responder para satisfacer las necesidades de sus gobernados a quienes debemos mediante la confirmación de reglamentos congruentes y puntuales.
Presidente, síndico y regidores debemos tratar los temas primordiales y no posponer los que promueven el empleo, la educación, la seguridad y que ayudan a una mejor convivencia entre los piedadenses.
El derecho de tenerlos los cambios estructurales que México necesita, como las reformas laboral, energética y hacendaria, es una prioridad para los ciudadanos y tener las iniciativas y propuestas detenidas en la cámara de diputados, es una irresponsabilidad.
Como ayuntamiento también debemos proponer, discutir y aprobar los temas que velen por los intereses generales de los piedadenses, en primer lugar, esa es nuestra obligación, nuestra responsabilidad y nuestro trabajo por y para el municipio.
La constitución se proclamo hace 95 años, después de largar y arduas jornadas de discusión, muchas horas de tensión, pero igual peso en la voluntad y el acuerdo.
Una constitución es un pacto fundamental de convivencia, es saber pedir y ceder, es reconocer quiénes somos, dónde estamos y a dónde queremos llegar.
La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, va de la mano con el país. En 1917 ya tuvimos un constituyente que participó en su génesis. Ahora en el 2012 necesitamos de todos los piedadenses para que nos distingamos en su respeto y seguimiento para que sus palabras se conviertas en letra viva, así como nuestro constituyente lo hizo.